Por Juan Schilling
Después de cuatro pesadillas al hilo, fui al psiquiatra. Me dijo que yo era muy sensible, que lo mejor sería que no viera las noticias y me tomara unas píldoras para dormir.
Si dormir sin pastillas me asusta, tomarme una de esas píldoras me producía terror, por lo que me ahorré el viaje a la farmacia y como no puedo conciliar el sueño sin ver el último noticiero, esa noche vi las noticias como siempre, sin embargo me sentía mucho mejor, debe ser porque había hecho lo correcto y nada más que lo correcto, había ido a ver al hechicero y no había seguido sus indicaciones. Era un día perfecto de esos en que uno se siente satisfecho de ser uno.
La última noticia que vi fue la un rajúo que se ganó un viaje a la estratósfera de tres horas y después se ganó un vuelo orbital de yapa. En la nota aparecía el protagonista que era un vecino que veía pasar casi siempre por mi calle y a veces hasta nos saludábamos.
Cerré los ojos con suavidad –en eso le hice caso al doctor– y me debo haber quedado dormido pronto porque empecé a flotar que daba un gusto. La gravedad cero es solo una ilusión, yo lo sabía, pero no por eso no va a ser exquisito flotar como los globitos de jabón que aunque están sujetos a la ley de gravedad se las arreglan para andar por el aire de aquí para allá de lo mejor hasta que puf, ya saben.
Algún detalle de los que nunca faltan si uno es observador me hizo advertir que estaba soñando, pero era un sueño placentero increíblemente delicioso, quizás nunca había soñado algo así. Debía tratar de olvidar que se trataba de un sueño, o de lo contrario entraría a perturbar la generación automática del mismo y podría empezar a inventarme un sueño o al menos el final del mismo que era casi como jugar al solitario y hacerse trampas. Divagando de esta forma estaba logrando olvidar que soñaba y volví al disfrute pleno de una experiencia nueva que me refrescaba el alma y me hacía olvidar no solo que estaba soñando, sino también olvidaba todos los malos sueños de mi vida.
Nunca había estado tan desconectado, la nave ni siquiera hacía ruido, solo mi respiración acompasada y el reloj de mi corazón eran vagamente audibles, por eso me sorprendí tanto cuando apareció un comercial de una conocida marca de detergentes interrumpiendo todo, devolviéndome al más perfecto estado de vigilia y confirmando el diagnóstico del psiquiatra: trastorno del sueño, solo eso.
sábado, 7 de enero de 2012
Trastorno del sueño
Etiquetas:
Cuentos,
El navío de los locos,
Juan Schilling,
Trastorno del sueño
jueves, 5 de enero de 2012
La raíz
Cuando no haya nada más,
que un gran cementerio gris,
en silencio brotará una pequeña raíz,
poco a poco crecerá, poco a poco avanzará,
el cemento no la dentendrá,
La raíz, vencerá al cemento…
(Nano Stern – Torres de Sal)
que un gran cementerio gris,
en silencio brotará una pequeña raíz,
poco a poco crecerá, poco a poco avanzará,
el cemento no la dentendrá,
La raíz, vencerá al cemento…
(Nano Stern – Torres de Sal)
Etiquetas:
Frases de canciones,
La raíz,
Nano Stern,
Torres de Sal
Blackbird
Etiquetas:
Blackbird,
Frases de canciones,
The Beatles,
White Album
La vaca de Varoli
Muchos viajeros habrán oido mencionar el cruce Varoli que es el que permite la entrada hacia el centro de la ciudad de Talca, lo que pocos saben es que el Señor Varoli tuvo una vaca y que ésta era un tanto indecisa. De cuando en cuando le daba por escaparse y siempre la encontraban en el mismo lugar, mirando hacia un lado y luego para el otro.
*Para agrandar hacer click en la imágen.
*Para agrandar hacer click en la imágen.
Cuento de nunca acabar
Etiquetas:
cabezón,
Cuentos de mi abuelo,
pata,
pato,
ñato
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





